Los frutos secos han estado siempre presentes en la alimentación de diferentes culturas. Siempre se han utilizado como alimentos fundamentalmente energéticos, ya los griegos y romanos los consumían para poder aguantar las largas jornadas de trabajo en el campo. En la actualidad, siguen formando parte de la gastronomía tradicional de muchos países. Las propiedades nutricionales de los frutos secos son indiscutibles, pero además tienen reconocidas propiedades cardiosaludables.

¿ Cuáles son las propiedades nutricionales de los frutos secos ?

Todos los frutos secos tienen en común que son semillas pobres en agua y ricas en grasas. Esto convierte a estos frutos en un complemento de la dieta sabroso, nutritivo y muy energético. Su consumo es beneficioso para todos, pero muy especialmente cuando realizamos algún esfuerzo físico intenso.

La grasa es la principal reserva energética del cuerpo humano y, también, la fuente de energía más concentrada de la dieta. Un gramo de grasa aporta nueve calorías, más del doble de la que proporcionan las proteínas o los carbohidratos. Si se tiene en cuenta que, en la mayoría de los frutos secos, más de la mitad de su contenido está formado por este nutriente, es fácil entender que se trata de alimentos con un alto valor energético. La mayor parte del contenido graso de los frutos secos está formado por ácidos grasos insaturados. Además, ninguno de ellos aporta colesterol y todos son pobres en ácidos grasos saturados.

Las proteínas son nutrientes esenciales para el crecimiento y la reparación, el buen funcionamiento y la estructura de todas las células vivas. Por tanto, un consumo diario de proteínas y de energía adecuado asegura la salud y el buen funcionamiento del organismo. Pues bien, se puede decir que los frutos secos constituyen una de las principales fuentes vegetales de este nutriente. Además, cabe señalar que en las dietas vegetarianas, los frutos secos son imprescindibles como fuente de proteínas.

Aparte de las grasas insaturadas y las proteínas, cada tipo de fruto seco contiene una composición particular de vitaminas y minerales. Constituyen una de las fuentes vegetales más abundantes en vitamina E, un poderoso antioxidante que neutraliza los radicales libres y evita que éstos ataquen a las células sanas. También destaca la riqueza en vitamina B1, B3 y ácido fólico. Asimismo, suponen un buen aporte de magnesio, fósforo, potasio, hierro, calcio, zinc y selenio. En cuanto a la fibra, los frutos secos son los alimentos con mayor cantidad después de los cereales integrales.

¿Qué cantidad es la recomendada?

La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) recomienda consumir entre una y cinco raciones de frutos secos a la semana. Se considera que una ración equivale a unos 25 gramos de frutos secos, sin cáscara. Por su versatilidad, resulta muy fácil introducirlos en una dieta equilibrada. Por ejemplo, puedes tomarlos como sabroso aperitivo o acompañando ensaladas, platos de pasta o verduras. También se pueden tomar con el postre. Tomarlos con el yogur o bien como merienda en sustitución de las galletas es otra sana y apetitosa idea. Pero no olvides que lo mejor sería consumirlos en lugar de otro alimento menos saludable.