¿Te has parado a pensar cómo surgió el primer aceite de oliva? ¿cuánto tiempo llevamos disfrutando de su sabor? En Bioole te contamos brevemente la historia del aceite de oliva, para que termines amando este producto tanto como nosotros.

Historia del aceite de oliva ¿cómo surgió?

Entre los vestigios más antiguos hallados hasta la fecha relacionados con el olivo se encuentran yacimientos pliocénicos en Italia, así como restos fosilizados en estratos correspondientes al Paleolítico Superior (12000 antes de Cristo) en el norte de África, así como excavaciones de la Edad de Bronce en España. Se sabe que el aceite de oliva ya se utilizaba hace más de 5000 años en la iluminación de los templos.

Durante la Edad del Hierro, el cultivo del olivar prosperó en toda Mesopotamia y ya en el siglo VI antes de Cristo, el cultivo del olivo formaba parte del paisaje de la orilla meridional del Mediterráneo. Porque desde Trípoli (Libia), pasando por Túnez, se desarrolló hacia la isla de Sicilia y al sur de Italia.

La zona originaria del olivo podemos situarla entre el sur del Cáucaso, la meseta de Irán y el litoral oriental del Mediterráneo (Siria y Palestina). El olivo, la aceituna y el aceite han sido, desde siempre, elementos esenciales de las más cultas tradiciones mediterráneas. Su historia se confunde con las leyendas de esta cuna de civilizaciones y de su agricultura.

El olivo está considerado como árbol mítico. Además simboliza la inmortalidad, siendo sus ramas un mensaje internacional de paz y tolerancia entre los pueblos. El olivo está entroncado con las leyendas de las fundaciones de la ciudad de Atenas.

El cultivo del olivo

Los antiguos romanos copiaron de los griegos los sistemas de cultivo del olivo, siendo Sicilia la primera región en ser cultivada a gran escala, como aún lo evidencian los milenarios y retorcidos olivares que salpican todo el territorio. Los romanos extendieron el cultivo del olivar por toda la cuenca del Mediterráneo, al tiempo que consolidaban el control en los territorios del vasto imperio. El aceite de oliva procedente de Hispania fue el que adquirió un mayor prestigio.

La civilización islámica aportó innumerables mejoras, tanto en la técnica del cultivo del olivar como en la obtención del aceite. El cultivo del olivar en la península Ibérica se incrementó notablemente en el sur durante los ocho siglos de Al-Ándalus.

Durante la Edad Media los olivos europeos fueron muy castigados por las guerras y su área de plantación estaba localizada principalmente en la Europa mediterránea.

Lamentablemente, son escasas las alusiones al mundo del olivar, en general, y al aceite de oliva, en particular, en los siglos XVI, XVII y XVIII; a pesar de ello, resultan interesantes. Se sabe, por ejemplo, que el primer olivo que llegó al continente americano fue veintiocho años después de que Cristóbal Colón descubriese América.